ROMANICO, EL ARTE DEL SIMBOLO



Apuntes de mi aprendizaje sobre el arte románico.

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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Simbología.

Comunicación románica (2.- El emisor)

Recordemos que estamos intentando analizar el arte románico como portador de un mensaje. Iniciamos el viaje en el post anterior definiendo el proceso de comunicación desde la teoría de la información.

 

¿Quién manda el mensaje?

La evidencia nos hace decir: la Iglesia, entendida no como congregación de fieles, sino como estamento. No obstante, las cosas nunca son tan lineales como la teoría ingenua parece afirmar. Mil detalles nos hacen sospechar que también es emisor el propio trabajador, el cantero, el escultor; si bien el mensaje que emite es bien diferente. Es precisamente en el románico donde se puede apreciar una libertad inusitada del ejecutor de la obra a la hora de trabajar; y esto en un estilo integral cuyas directrices estilísticas abarcan la obra en su conjunto a todas las escalas; diríamos en lenguaje moderno que de forma fractal.

Tenemos una Iglesia poderosa, confirmada como uno de los grandes poderes terrenales en una época feudal en la que absolutamente todo lo que ocurre en la tierra es visto como un reflejo de lo que ocurre en los cielos. Una Iglesia con poder de erigir los más grandes edificios y de propagar su verdad a los cuatro vientos; así como su estatus de poder. Es una suerte para la Historia del arte que en la Iglesia Católica nunca terminaran de triunfar las tesis iconoclastas tan poderosas siglos después en las iglesias protestantes. Aún en San Bernardo de Claraval, partidario y defensor a ultranza del arte más austero y anicónico; se aprecia más una severidad en pro de un mayor recogimiento de los monjes que una aversión a la imagen por motivos teológicos, como en el caso de los iconoclastas. Particularmente el arte islámico posee un impedimento doctrinal para la elaboración de imágenes, pero como no se pueden poner puertas al campo y la creatividad humana es un torrente que siempre sale por algún sitio, es en las formas geométricas y en la caligrafía donde este arte ha descollado sin igual.

El interés de la Iglesia en edificar en el románico es múltiple: por un lado la propia demostración de poder, y por otro la inculturación de las masas de fieles iletrados en las verdades del evangelio, y por último la propia logística: los templos y monasterios son útiles a la propia iglesia y a la sociedad en general. Lo que ocurre es que mientras esas tres necesidades son prácticamente constantes en cualquier época, es en la época que nos interesa y en el gótico cuando la simbología adquiere su verdadera importancia, convirtiendo al románico y al gótico en Arte Sagrado.

¿Porqué?

Tengo la impresión de que parte de la respuesta está en la intencionalidad del emisor, que no es constante en toda época. En el románico el mensaje a transmitir es eminentemente pedagógico, mientras que difícilmente se podría decir lo mismo de cualquier arte cristiano posterior al gótico, por muy grandioso (¿o debiéramos decir grandilocuente?) que sea. Pensemos en una catedral renacentista...

Así pues, parece ser que la intencionalidad pedagógica del emisor es la responsable de las características principales del románico, las que lo hacen ser un arte fractal (1) e integral.

El aspecto pedagógico del románico está más allá de toda duda para los estudiosos, como podemos comrpobar en estas afirmaciones:

"La escultura [románica] producirá imágenes simbólicas y fantásticas que ilustran a un pueblo iletrado sobre los caminos para llegar al otro mundo, sobre la clave que este nuestro encierra, tanto positivamente (en cuanto manifestación de la Bondad Divina) cuanto negativamente (en cuanto obstáculo pecaminoso para la salvación) (2)

Decíamos más arriba que los artífices directos del edificio románico eran tan emisores como la iglesia como estamento. El artista románico goza de una libertad que para sí hubiera querido el renacentista, atado a un academicismo frustante. Hay portadas que es imposible admirar sin esbozar una sonrisa, y me es imposible hablar de ello sin pensar en Santa María de Uncastillo.

Uncastillo

Parece evidente que la Iglesia como estamento poco tiene que ver con este canto al regocijo en el que aprovechando el baquetón de una arquivolta a modo de mesa o baranda, aparecen múltiples personajes, humanos y animales, sus cabezas por encima y sus piernas o patas por debajo. Para colofón, la figura central es un cerdito. Podemos decir que la Iglesia ostenta el monopolio de las manifestaciones culturales en la sociedad medieval; pero precisamente porque no se pueden poner puertas al campo ni límites a la creatividad humana, la libertad de los artífices últimos florece como en ningún otro estilo. Aquí con desenfado, en otros lugares incluso con verdadera procacidad sexual.

El mensaje enviado en este caso es más sencillo: el cantero, cuando se sale de las directrices marcadas por la Iglesia, representa sus vivencias más directas. Esto no es en absoluto privativo ni de la cantería, ni del románico. Es una constante universal. En este blog se han mencionado dos ejemplos de ello extremadamente vívidos por su aparatosa actualidad: un escudo del atlético Bilbao en un templo de Trujillo y un astronauta en la catedral de Salamanca; obviamente ambos debidos a restauraciones modernas. Infinitos detalles de vestimentas, instrumentos musicales, oficios y juegos tenemos representados en capiteles y arquivoltas románicos gracias a esta pulsión del espíritu humano de dejar constancia de su propia época. El asunto de Trujillo poco tiene que ve con el románico, pero es muy significativo:

"En Trujillo, un pueblo de Cáceres (Extremadura), hay varias iglesias y
hace unos años hubo un pequeño terremoto y provoco daños en alguna de
estas iglesias; en una de ellas, en el campanario estaban esculpidos los
escudos de las cuatro familias más importantes que había habido en el
pueblo, y a causa del terremoto hubo que esculpirlos otra vez, y se lo
encargaron a un cantero que lo hiciera, pero al buscar en los archivos
del pueblo, solo consiguieron tres escudos, asi que como faltaba un
escudo el cantero decidió esculpir un escudo del Athletic; asi que, a
veinte metros del suelo en el campanario de una iglesia de Trujillo se
puede ver el escudo del Athletic, eso si, un escudo en el que se puede
leer Atletico en vez de Athletic Club."

 

(1) Esta nomenclatura, evidentemente mía, no es más que una metáfora. Seguramente una mala metáfora. Me explico: en matematicas un fractal es una figura que es similar a sí misma a diversas escalas. Tanto es así que una ampliación de una fracción de una figura fractal exhibe las mismas apariencias que la figura completa. El románico se me aparece como un arte integral, en el que basado en el rectángulo (la tierra) y el semicírculo (el cielo), ambos de rica simbología ya estudiada en este blog tanto en planta como en alzado, se repite el mensaje una y otra vez con la mayor coherencia. La portada parece repetir la imagen de la planta, y el tímpano de aquella parece remitir al ábside de ésta... nunca con tan poco se hizo tanto...

(2) Bozal, V. "Historia del arte en España" Ed. Itsmo, madrid, 1972 PP 110-111

 

 

 

 

 

 

28/06/2008 12:37 Autor: blade_runner. #. Tema: Simbología Hay 3 comentarios.

Comunicación románica (1.- Introducción)

Iglesia de la Inmaculada Crespos, Burgos

Una de las cosas más bonitas de la abstracción es que aunque exige siempre un esfuerzo mental, los frutos que proporciona suelen valer la pena. Muchas veces se ha repetido que el románico es un arte sagrado, portador de un mensaje. Vamos a intentar determinar qué quiere decir la última parte de la frase anterior, pero antes de continuar, clarifiquemos la nomenclatura: cuando en este blog se habla de arte sagrado (o incluso mejor, Arte Sagrado, con mayúsculas), lo hacemos en el sentido de Titus Bruckhardt en su obra "Principios y métodos del Arte Sagrado". Según esta concepción, para que un arte sea llamado sagrado, no sólo sus temas deben derivar de una verdad espiritual, también su lenguaje formal debe expresar el mismo origen. Por lo tanto, el Arte Sagrado es un subconjunto del arte religioso. Podríamos decir que una pequeña parte del arte religioso. El arte religioso del barroco o del renacimiento es absolutamente similar al arte profano de estos mismos períodos, salvo en la temática, de modo que no corresponderá denominarlos Arte Sagrado. El románico y el gótico son ejemplos de arte sagrado cristiano, mientras que los musulmanes y los hindúes tienen también sus ejemplos.

Hecha esta aclaración, proseguimos con lo que ahora nos importa: decíamos que el románico es un Arte Sagrado portador de un mensaje. Les invito a desmenuzar esta afirmación en sucesivos posts, sobre cuya frecuencia de aparición no me puedo comprometer.

Para hacerlo, veremos primero en su máxima abstracción el concepto de comunicación de un mensaje, y pasaremos a comprobar si el románico cumple los requisitos mínimos para poder mantener esta frase como cierta. Observemos el proceso de una comunicación genuina y los elementos que intervienen:

Comunicacion

La primera advertencia que conviene hacer en este punto es que el proceso de comunicación en el que estamos interesados es un acto voluntario del emisor, en el que dicho emisor es activo mientras que el receptor no. Esta visión porta una reducción y otra ampliación. Es una reducción porque eliminamos de un plumazo todos los intercambios de información no voluntarios (el sol nos está aportando continuamente una gran cantidad de datos sobre sus procesos termonucleares internos, datos que comprendemos y podemos analizar y entender; pero que no consideraremos una genuina comunicación por no ser el resultado de un proceso voluntario y consciente del emisor). Y es una ampliación porque no exigimos bidireccionalidad en la que los papeles de emisor y receptor se van intercambiando dando lugar a un diálogo.

La tesis a demostrar será por tanto que el románico supone (quizás entre otras cosas) un esfuerzo de comunicación de un mensaje. El románico vive en los templos románicos, y éstos son edificios. Un edificio es una construcción realizada por personas, y para que cumpla su función debe poseer unas características mínimas; debe estar de alguna manera aislado del exterior; y ofrecer un espacio interior para sus usuarios.

El emisor es evidentemente la Iglesia; que ordena construir los templos; pero también lo son los constructores, desde los canteros hasta los arquitectos que intervienen en la obra. El destinatario es aquel en el que el emisor está pensando hacer llegar un mensaje; y ese no somos nosotros; observadores "desde otro mundo", sino los fieles contemporáneos a la obra.

¿Sólo los fieles? Quien esto escribe piensa que la respuesta es negativa: la propia divinidad es receptor en la mente del emisor. Así, cuando el mensaje se dirige a los fieles, es pedagogía; y cuando se dirige a Dios es oración.

Analizaremos la acción del emisor, su propósito e intencionalidad; la figura del receptor y la calidad del mensaje; pero será en sucesivos posts.

Anfisbena

 

 

 

 

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12/04/2008 16:50 Autor: blade_runner. #. Tema: Simbología Hay 1 comentario.

Animales

Vemos un bello capitel adornando la columna de una galería porticada o en una portada y en una primera instancia disfrutamos de la belleza que nos produce su contemplación. Enseguida, si algo nos impulsa a ir más allá, nos preguntamos qué representa. Estamos preguntándonos por el significado del símbolo.

A veces, el significado es poco menos que trivial: contemplamos la huida a Egipto y la reconocemos, porque tenemos las claves para su interpretación. Quien no las tuviera, vería simplemente una serie de personas y un burro. En estos casos, son las Sagradas Escrituras las que tienen la clave, y forman parte de la cultura común de la civilización occidental.

Otras veces, vemos animales, o interacciones entre animales y humanos; y si leemos en una buena guía la interpretación, no podemos por menos que sorprendernos. La primera pregunta que invade al profano es: ¿Esta interpretación es correcta, o es una suposición?

Luego vienen otras preguntas: ¿Cómo pueden los especialistas estar seguros de las motivaciones de los autores? Si la relación entre un significante y su significado puede ser arbitraria, ¿cómo saber qué significa un símbolo esculpido hace ochocientos años?

Ocurre que la relación arriba citada no es tan arbitraria en los símbolos como en los signos en general, y ocurre también que los autores que esculpieron tales imágenes estaban inmersos en una cultura que los llenaba por los cuatro costados. Una cultura que no es la nuestra exactamente, pero que ha dejado múltiples rastros escritos a lo largo de Europa.

Santiago Sebastián López, en su monumental obra "Iconografía medieval" comenta:

"La Edad Media parece haber pensado con pasión que todo pudiera ser símbolo, pero -cuidado- hay que estudiar estos símbolos en sus fuentes y en sus textos, pues existe el peligro de deformar con la mejor buena fe su verdadera significación"

Así pues, cuando los especialistas investigan sobre el significado de un símbolo románico, no elucubran sobre el mismo, generando una teoría que más o menos cuadre con sus ideas previas, sino que se documentan exhaustivamente sobre las fuentes originales (textos) medievales, buscando usos comunes de ciertas imágenes que se repiten en el tiempo y que hunden su historia en épocas clásicas precristianas.

Hablemos de animales, reales o imaginarios. Poco importa que el conocimiento de la vida de los animales estuviera por aquel entonces inmersa en una pseudociencia absoluta, que mil comportamientos animales fueran una y otra vez mal interpretados o que la visión de la naturaleza adoleciera de una terrible falta de objetividad a los ojos de un observador actual. Lo que importa es que la cultura románica era una cultura de consensos establecidos, y adquiridos a través del tiempo con múltiples prestamos de otras civilizaciones anteriores; y estos consensos dejan huellas indelebles que el historiador puede estudiar de forma científica.

Los animales y sus representaciones nos dan un buen ejemplo de ello: la Edad Media no inventa sus símbolos, sino que bebe de fuentes anteriores y las adapta a su momento, momento en el que todo se integra alrededor de una visión totalizadora con centro en Dios. Los mismos Padres de la Iglesia se alimentan de las fábulas moralizadoras de los clásicos, en las que repetidamente se asocian los animales a diversas virtudes y vicios.

Entre estas fuentes tenemos, cómo no, la Biblia. Sin embargo, a partir del siglo IV se comienzan a redactar diversos tratados sobre los animales y sus funciones simbólicas que tienen gran divulgación, como el Hexaemeron de San Ambrosio, escrito entre los años 386 y 390. En dicho libro, San Ambrosio describe una teología de la creación, haciendo uso de la etimología del propio nombre del libro (Hexaemeron = seis días). Cada uno de los seis libros que compone al obra repasa uno de los seis días de la creación.

El Hexaemeron presenta un grandioso retablo en el cual los conocimientos profanos de su tiempo están armoniosamente enlazados con la doctrina bíblica y cristiana. En religión, todo se aprovecha; y lo que hoy parece ser una doctrina bien conformada y perfectamente diferenciable de otras coetáneas, en su momento fue fruto de un sincretismo culturalmente enriquecedor. El uso de documentos paganos para enriquecer la propia doctrina nunca fue un problema irresoluble: bastaba con adecuar convenientemente dichos textos a la doctrina. No en vano advierte San Agustín:

"El cristiano ha de entender que en cualquier parte donde hallare la verdad, es cosa propia de su Señor" (De doctrina christiana II, 18)

Así pues, la incorporación de los fabulistas griegos y romanos a la visión alegórica de la vida de los animales pudo realizarse sin mayores problemas teológicos que los derivados de adaptar la fábula a la doctrina. De esta forma surgen en el medievo los bestiarios, bellísimos libros que insertan historias edificantes sobre las conductas de los animales, adaptadas a la época y de gran valor pedagógico.

Entre ellos, tenemos el Physiologus . Se trata del libro de historia natural más famoso de Europa hasta el siglo XIII. Sin embargo, su primera edición pudiera datarse según unos en el siglo II en versión griega, y según otros en el siglo III de nuestra era en Siria. Dado el éxito de la obra, existen múltiples versiones diferentes, pero lo que nos interesa aquí es la amplia difusión de un libro con imágenes sobre animales, y textos asociados en los que se daba a dichos animales una serie de características; reales o ficticias; pero en todo caso acordes con los tiempos y relativamente consensuadas.

Ya en el siglo VIII se recomienda a los clérigos que utilicen ejemplos "exempla" en sus sermones. La oratoria del siglo XII hizo énfasis, según Santiago Sebastián López en su obra arriba citada Iconografía medieval , en dichos "exempla" .

Acabamos este post con las palabras de este autor:

"Este conocimiento de los animales en la época románica nada tiene de común con las ciencias naturales, ya que no los describen como son ni como se los puede observar. Se trata de presentar al animal tal como figura en el universo creado por Dios, un mundo encantado bajo el signo de lo sagrado, por lo que representa su aspecto físico y su comportamiento dentro de una significación religiosa y moral. Por otra parte, el mensaje simbólico del animal no es fácil de descifrar, porque en el discurso se interfieren informaciones desde diversos ángulos, no siempre coherentes, resultando que un animal puede significar una cosa y también la contraria; tal es la ambivalencia de su mensaje"

Anfisbena

 

 

 

 

 

27/01/2008 19:29 Autor: blade_runner. #. Tema: Simbología Hay 2 comentarios.

Mordiéndose las patas

Al igual que otros estilos sagrados, el románico puede ser contemplado a varios niveles. En su arquitectura se mezcla lo estructural (lo técnico) con lo simbólico; pero es en la escultura donde el espíritu del artista vuela libre, sin estar condicionado a las realidades constructivas del templo a pesar de que "lo escultórico se subordina a lo arquitectónico". Así, con las constricciones mínimas que impone la ley del marco, que obliga al artista a adaptar las figuras que esculpe al espacio disponible, sea éste un tímpano o un capitel; y a la ley del esquema geométrico; que aún en ausencia de presión de un marco constrictor impone ciertas necesidades geométricas, de simetría y de formación de figuras simples; aún con estas constricciones mínimas, decíamos; la libertad del cantero es máxima.

Así, es posible encontrarse con figuras que simbolizan cosas alejadas aparentemente de sus significados originales. Dentro de esta libertad, algunos símbolos cuajaron especialmente, quizás por motivos estéticos, de gusto o por motivos más profundos. Cuando encontramos una y otra vez los mismos motivos en templos diversos, nos empezamos a preguntar por su significado, y es entonces cuando descubrimos que lo que nosotros nos preguntamos otros se lo preguntaron antes, y lo intentaron responder.

 

 

En la foto anterior, obtenida en agosto de 2005 en la fachada occidental del monasterio de Leyre, podemos apreciar dos aves que se están mordiendo las patas; cada una las suyas. Más común es la mordida recíproca; cada una muerde las patas de la otra, como podemos observar en la fachada sur de la iglesia de San Miguel de Biota:


 

o en la iglesia de Santiago de Agüero, en Huesca, en un capitel tapado a medias por una reconstrucción posterior poco afortunada:

 

O en una magnífica representación del mismo motivo en una de las arquivoltas de la portada de Santa María de Uncastillo, Zaragoza:

El mejor capitel que he contemplado de este motico se encuentra en la cripta de la iglesia de San Esteban de Sos del Rey Católico. La presencia durante mi visita de un inflexible y ensotanado sacerdote sin comprensión alguna hizo imposible que pudiera fotografiarlo.

Según la interpretacion canónica, el ave simboliza el alma humana. El investigador Francisco Iñiguez Iñiguez llegó a popularizar el símbolo que nos ocupa en este post identificándolo con el esfuerzo de las almas por liberarse de sus ataduras terrenales. Las patas son las que anclan al animal a la tierra y representan el vínculo con el mundo material; vínculo que hay que romper para elevarse a Dios. Sea así o de otra manera, lo cierto es que como pueden ver esta representación se generalizó, y hoy puede verse en multitud de templos románicos: en en monasterio de Leyre, en Uncastillo, en Santiago de Agüero, en Sos del Rey católico y según he podido saber, también en Pamplona, Navascués, Santo Domingo de la Calzada, Santa María de Sangüesa, Catalain, Armentia, Esparza de Galar, Murillo del Gállego o Castiliscar. Una amplia zona, si bien bastante conexa.

Lo que queda por explicar es la presencia de dos aves en la misma acción; a veces cada una muerde sus propias patas y otras veces las de su compañera. Para la explicación al uso, con una sería suficiente...

 

17/12/2007 17:58 Autor: blade_runner. #. Tema: Simbología Hay 1 comentario.

La portada

Un santuario es como una puerta que se abre al más allá, al reino de Dios. Por consiguiente, la puerta del santuario resume a su vez, y desde el mismo punto de vista simbólico, la naturaleza del santuario entero.

Titus Burckhardt. Principes et méthodes de l'árt sacré.


La portada es la puerta, la entrada al templo. Por encima de todo es la frontera entre el exterior (el mundo) y el interior (el lugar de oración y contemplación). Es el lugar obligado de paso para acceder al interior del templo, y como tal es un lugar significado. Es habitual que haya varias entradas, que estarán al oeste (a occidente) en la fachada principal; o al este, en la fachada meridional. Incluso la fachada norte puede tener entrada. Pero el este está reservado al ábside.

El esquema general sobre el que se basaba el románico entero; el semicírculo sobre el rectángulo que vimos en el post anterior para hablar de las plantas románicas adquiere aquí todo su protagonismo. Repetiremos la ilustración:



Sobre este esquema se añaden diversos elementos para realzar la significación del pórtico: rodeando el semicírculo existirán invariablemente una serie de arquivoltas conjunto de molduras concéntricas que descansarán sobre columnas a ambos lados de la puerta. La unión de las arquivoltas a las columnas se realiza a través de los cimacios, piezas salientes y cuadrangulares que van sobre los capiteles, normalmente historiados. A menudo los cimacios se fusionan formando una imposta que recorre horazontalmente ambos lados de la portada por encima de los capiteles. Las propias arquivoltas son intensa y a veces ingeniosamente utilizados para retratar mil situaciones, elementos geométricos,personajes, leyendas y pasajes bíblicos. A veces el arquivolta exterior está enmarcado por una moldura semicircular llamada guardapolvos que, como un arquivolta más enmarca todo el conjunto.

El esquema por tanto se complica convirtiéndose en esto:



Vemos una realización práctica de este esquema general:



Se trata de la portada de Santa Cristina de Ribas do Sil, en la Ribeira Sacra de Orense, que fotografié en Julio del 2005. Se puede observar el guardapolvos ajedrezado, además de las tres arquivoltas.

Las arquivoltas están todas en diferente plano, formando un embudo de forma que la primera, la más cercana al arco es la más retrasada. De esta forma el vano tiene una forma abocinada, de anchura variable provocando una sensación de estrechamiento. Quien quiera entrar en el templo debe someterse a una constricción, más psicológica que real.

Es como si el efecto buscado fuera someter al fiel a la reflexión de que la visita al templo no es banal, sino que exige el esfuerzo de acceder en estado correcto de limpieza espiritual. Traspasar el umbral significa ser merecedor de ello, y para tal merecimiento hay que pasar por un tramo cada vez más estrecho.

En la siguiente imagen se aprecia perfectamente este efecto llevado al límite: se trata del monasterio de Sijena, en Huesca, la fotografía no es mía, está tomada de la página www.miguelservet.org.



Como se puede ver en las dos fotografías anteriores, el vano de la puerta puede abarcar sólo el rectángulo, o el rectángulo más el semicírculo. El caso más interesante es el primero, porque entonces queda la superficie del semicírculo disponible para colocar en ella bajorrelieves que por su significadísima situación (justo sobre la puerta de entrada) serán siempre de gran valor. Es habitual encontrar en aquí escenas clave de la iconografía románica, como Cristo en majestad rodeado del tetramorfos, la adoración de los Reyes Magos, la sagrada familia, la representación teriomórfica de Cristo como cordero, o su anagrama en forma de crismón. Otras veces aparece el santo titular de la iglesia. Este espacio recibe el nombre de tímpano. En el ejemplo de Santa Cristina de Ribas do Sil lo vemos vacío, por cierto.

Pero la simbología de la portada no está tan sólo relacionada con la función de umbral, paso hacia el interior. Como lugar importante del templo, recibirá una atención especial de quien pase por las inmediaciones del templo, y esta situación será aprovechada para catequizar al transeunte. En el románico del Camino de Santiago veremos una riqueza iconográfica enorme por este motivo: catequesis en piedra, como se ha nombrado varias veces.

La posibilidad de esculpir figuras humanas y animales, o incluso la indicación expresa de hacerlo desde las autoridades eclesiásticas será un enorme beneficio para la historia del arte. Esta posibilidad que estaba vedada a los musulmanes y volverá a estar prohibida a los protestantes unos siglos después del XII para desgracia de sus manifestaciones artísticas respectivas.

Un ejemplo de la posibilidad de llenar la portada de imágenes la podemos ver aquí. Se trata de la portada de la colegiata de Toro, en Zamora, fotografiada por mi en julio de 2003:

Zamora. Colegiata de Toro4

(continuará...)
20/09/2005 19:15 #. Tema: Simbología Hay 5 comentarios.

La casa de la divinidad.



Contemplen la foto que encabeza este post. Se trata el interior del ábside del santuario de Santa María de Ujué, en Navarra. Este ábside dista bastante de ser "normal", en el sentido de que está englobado en una fortificación de tal manera que no ve la luz del exterior. Obviemos este aspecto no poco importante, e imaginen que se encuentran donde estaba yo cuando saqué la foto. Da toda la impresión de que "se está bien" en ese lugar. No sé decirlo de forma más gráfica. Un templo gótico nos maravilla por mil cosas, entre ellas la grandiosidad, la hazaña constructiva casi inconcebible; pero dentro de un templo románico uno se encuentra bien. Esta verdad la puede comprobar cualquiera que no tenga la sensibilidad de un celentéreo, independientemente de su fe.

Obviando diferencias de tonalidad, totalmente intrascendentes por deberse tanto a la iluminación eléctrica y a las peculiar forma de comportarse mi cámara digital como a mi impericia como fotógrafo, vean la misma sensación de bienestar que produce el interior del siguiente templo:



Se trata de la colegiata de San Martín de Elines en Cantabria, muy cerca de la frontera con la provincia de Burgos. Es un magnífico templo con una simbología muy rica casi centrada en el león como animal inciático y como representación de Cristo. Otra vez hablaremos de él.

Cualquiera sabe que las concepciones de un templo románico y las de uno gótico son diferentes; y sin embargo no resulta fácil condensar en pocas palabras en qué consiste dicha diferencia. Lo habitual suele ser caer en tópicos tales como que " el románico es oscuro y pesado mientras que el gótico es ligero y luminoso .

Esta afirmación no tiene por dónde sostenerse, más allá de unas realidades constructivas innegables, que hacen que el gótico presente unas técnicas novedosas respecto al románico, permitiendo mayor altura, menor grosor de muros y más vanos para inundar de luz el interior. Pero ahora no queremos quedarnos con lo meramente constructivo, sino ahondar un poco más en el espíritu que animaba a los constructores.

Me hubiera gustado encontrar una frase que condensara la diferencia entre el románico y el gótico tal y como yo lo siento, pero no ha sido posible. Y no lo ha sido porque me he encontrado con la frase ya escrita, en el libro Simbología románica de Manuel Guerra, publicado por Fundación Universitaria Española

En el arte gótico el hombre se dirige a Dios; en el románico es al revés

Quien escribe en este blog no comparte la fe de los constructores de catedrales. A veces pienso que si tuviera fe, mi capacidad de gozar del románico se vería multiplicada, pero ya ven: no es el caso.

A lo que íbamos: cualquiera que se haya plantado delante de una catedral gótica habrá comprobado que es inevitable mirar hacia el cielo. Todo en el gótico apunta al cielo. A veces es literalmente imposible no hacerlo, viendo afiladas torres dirigirse a las alturas, o contemplando bóvedas a alturas casi imposibles.

El templo gótico es un lugar que clama al cielo, ansiando trascendencia. En un símil, es un conjunto de volutas de incienso ofrecidas a Dios, convertidas en piedra. En el románico, Dios ha descendido para morar en el templo. Desde un templo románico, la divinidad, la trascendencia está en el interior del templo.

El románico coge en su misma esencia el sentido de templo, no meramente como lugar de oración, sino como casa de la divinidad. Gran parte de la simbología está en consonancia con este hecho capital: el visitante no se ve impelido a elevar su mirada al cielo, sino que es animado a la reflexión, a la paz interior y al recogimiento. No hace falta elevarse al cielo porque estamos en el cielo. La bóveda de cañón románica, a diferencia de las góticas, es acogedora y protectora: se está bien bajo ella.

Considerando que en la época del románico la comunicación entre el fiel y Dios era quizás el acto más importante en que pensarse pudiera, no nos debe extrañar que todo esté condicionado a ese encuentro. La planta del edificio, su alzado, la propia orientación de la que ya hemos hablado, la portada por la que el fiel o el peregrino debe entrar, el ábside, los capiteles historiados...todo lleva al acto fundamental de encuentro con el Dios.

Es quizás esta diferencia con la vida actual, llena de movimientos, luces y ruidos lo que atrae tanto de un templo románico.

Le serenidad que emana del edificio está motivada por la necesidad de trascendentalizar la visita al mismo como una visita a Dios. La "casa" no es una casa cualquiera, sino la mejor de las posibles. En cualquier pueblo podemos contemplar el edificio de la iglesia, magnífico, pétreo; alrededor del cual se arraciman casas humildes de sus pobladores, de adobe o de materiales mucho menos nobles. En la planificación del templo nada puede ser ajeno a esta misión de acoger a Dios, por lo que todo está enlazado y sin embargo todo es extremadamente simple en su concepción primera: la unión del cielo y la tierra por medio del descenso de la divinidad de los cielos a la tierra.

El esquema simbólico sobre el que se apoya la construcción románica es de una simplicidad sorprendente: un rectángulo sobre un semicírculo. La casa de Dios se construye sobre este esquema geométrico.



El cuadrado representa la tierra, el medio círculo el cielo, la bóveda celeste. El cuadrado remite al número cuatro, como cuatro son los puntos cardinales en la tierra; el semicírculo remite a la unidad o al infinito; ambas posibilidades perfectas para simbolizar al cielo, morada de Dios o al Dios mismo. Este esquema simple se repite en planta y en alzado, sencillo, escueto y lleno de sentido. Todo ello realizado en piedra eterna.

En alzado es el arco de medio punto sobre dos pilares; en planta es el esquema básico de un templo románico, pero de concepción muy anterior: un ábside y una estancia contigua. La planta cruciforme es posterior a este concepto, mucho más cristiana, menos arquetípica.

Hace poco hablábamos de la orientación de los templos. Díganme después de lo que hemos ido viendo, ¿no es normal; casi obvio, que el ábside, la zona correspondiente al semicírculo y la zona más sagrada esté orientada a la salida del sol? ¡Cualquier otra posibilidad parece una barbaridad!

A la luz de este esquema simbólico, la casa de Dios se irá edificando con simbolismos añadidos que competen a las naves, los diversos arcos interiores y exteriores, los capiteles, los canecillos, la cúpula, la torre si existe...

En la siguiente ilustración tienen la planta de la magnífica iglesia de Santa María de Uncastillo, en la comarca zaragozana de las Cinco Villas. Se puede observar la obediencia al principio arriba explicado: el semicírculo (ábside) sobre el cuadrado (nave).



Cuando el fiel entra en el edificio, bien sea desde la entrada occidental (al oeste) como desde la meridional (al sur), inicia un camino hacia oriente, desde donde entran los primeros rayos de sol de la mañana. En un camino hacia la luz, mientras nos internamos hacia la zona más sagrada del templo: la morada de la divinidad.

Eso, cuando hay suerte y no han tapiado el ábside con un retablo rococó, con sus angelotes rubicundos y espantosos y los oropeles que tan bien quedan en un anodino templo neoclásico, y... perdón; estoy dejando de ser objetivo."
18/09/2005 17:22 #. Tema: Simbología Hay 1 comentario.

Psicostasia

Los orígenes de muchos símbolos plenamente cristianos se hunden en la noche de los tiempos y son deudores de ideologías y de religiones anteriores. No estamos haciendo una afirmación fuera de lo común. De hecho, todas las culturas son deudoras de las que las precedieron, y nunca civilización alguna hizo tabula rasa de todo lo anterior.

A veces los símbolos románicos parten de mitos muy antiguos, de civilizaciones desaparecidas tan alejadas del siglo XII como puedan ser la egipcia o la asiria. Otras veces las conexiones no están tan claras y parece que existe una especie de imaginario colectivo que pertenece a la especie humana en su conjunto, sin distinción de lugares ni épocas, posiblemente por pertenecer al inconsciente colectivo de todos los seres humanos.

La Psicostasia o el pesado de las almas en una balanza tras la muerte del individuo para decidir el futuro de la misma la condenación o la salvación es uno de tales mitos. Las imágenes se reproducen desde el inicio de la historia en civilizaciones variadas. La pesada se efectúa por lo general en una balanza de dos platillos.

Veamos esta imagen del antiguo egipto:



En dicho acto se pesaban simbólicamente los actos que el difunto había cometido en vida y se determinaba si era merecedor de una vida eterna. Los egipcios pensaban que era en el corazón donde residían los sentimientos e incluso la memoria, por lo que éste era el órgano pesado. La diosa Maat por medio de su símbolo (una pluma) está presente en el otro plato de la balanza. Esta diosa lo es de la justicia, y figura en el acto de psicostasia como garante de la justa medida y consiguiente resultado de vida eterna o extinción para el difunto. La pluma es una simbología bella y ambivalente: paradigma de la levedad de peso, su mera existencia como contrapeso hace referencia directa a la rigurosidad del juicio que supone la pesada.

Además de la balanza y de los contenidos simbólicos de los platos, es de destacar la presencia de Osiris y de Anubis, o de Osiris y Horus, incluso a veces de la diosa del nacimiento y el dios del destino.

En primer plano, la dios Ammit , diosa con cabeza de cocodrilo y cuerpo formado por dos animales: mitad delantera por un león (o leopardo) y mitad trasera por un hipopótamo. Recibe los títulos de "Devoradora de los Muertos", "Comedora de Corazones", "La Grande de la Muerte", "Devoradora de Amentit", "Habitante de Amentit". Diosa inhumana por tanto, está más allá de la compasión y permanece presta a devorar el corazón del difunto que pese demasiado, indicativo de que no es digno de alcanzar la vida eterna debido al peso de sus actos inmorales.

Sociedades más cercanas a nosotros también tuvieron presente el mito de la psicostasia . La literatura homérica por ejemplo hace al menos dos referencias a pesadas en balanzas de los destinos humanos por parte de Zeus , padre de los dioses. Una decidiendo la suerte de troyanos y aqueos, poniendo en una balanza de oro los destinos de ambos, y otra en el célebre enfrentamiento de Héctor y Aquiles .

Sin embargo, y a pesar de las analogías aparentes, en este caso hay una diferencia con el pesado de las almas: no es la virtud de un difunto quien es pesada, ni su moral o altura espiritual, sino meramente su suerte o su destino. Se trata en este caso de una Kerostasia. El nivel moral del mito griego es muy bajo por tanto, si no inexistente. Ahora no se pesa un alma para efectuar una contabilidad de méritos, sino que se contrastan los hados de dos contendientes o de dos pueblos, más sometidos al capricho de los dioses o del destino que al peso de los méritos o deméritos.



El encargado de pesar las almas en el imaginario románico es San Miguel Arcángel. En las siguiente ilustración vemos la enjuta derecha de la portada de Santa María la Mayor d Sangüesa. La foto está realizada por mi en Agosto de 2005.



La escena transcurre a la izquierda del Pantócrator, a la derecha según ve el espectador. En la hilera superior vemos a ocho condenados que ya han pasado la prueba con resultado nefasto. Están desnudos y se acurrucan los unos contra los otros. Bajo ellos, tres difuntos han superado la prueba y aparecen vestidos en actitud orante con los rostros vueltos hacia el Cristo en majestad.

Tras ellos aparece San Miguel Arcángel con la balanza, y otros dos almas junto una pléyade de demonios que los atormentan, seguramente antes del juicio de la balanza.

La ilustración es una de muchas en el románico español, y es la elegida por haber sido realizada por mi, no por ser la más significativa. Sin embargo es muy jugosa: en el platillo de la derecha (al revés para el observador) está colocada el alma, simbolizada por un ave mientras que en la izquierda el demonio en representación teriomórfica de serpiente muerde el platillo para inclinar la balanza hacia el lado de la condenación y hacerse así con el alma del difunto. La figura del demonio como un tramposo es ubicua. En otras representaciones análogas apoya descaradamente la mano en la balanza mientras mira para otro lado...

En la representación egipcia, Ammit estaba deseosa de comerse el corazón del difunto (que es el análogo a poseer su alma) pero asistía al juicio sin intervenir; aquí sin embargo la actitud del diablo es torticera. Eso es una constante en las representaciones románicas, como iremos viendo.
29/08/2005 17:53 #. Tema: Simbología No hay comentarios. Comentar.

Complementarios

A veces es muy fácil reconocer la misma mano en lugares diferentes. Vamos a detenernos hoy en dos capiteles en dos iglesias cercanas que remiten el uno al otro. Ambos son fundamentalmetne el mismo, y simbólicamente no tienen diferencia alguna.

Veamos estos dos capiteles:

La primera corresponde a un capitel de la portada meridional de la iglesia de San Miguel Arcángel en la población de Biota, en la comarca zaragozana de las Cinco Villas:



La segunda corresponde a un capitel de la portada de la iglesia de San Salvador de Ejea de los Caballeros , en la misma comarca.



La mano del maestro de San Juan de la Peña se revela con pulso firme en ambos capiteles.

Siendo ambos motivos fundamentalmente el mismo, los comentarios que siguen sirven para ambos.

Cabe hacer notar la simetría de contrarios presente en cada capitel: al hieratismo del músico se contrapone el movimiento de la bailarina. El músico se encarga de lo sonoro mientras permanece estático; la danzarina no hace ruido alguno pero ejecuta movimientos, acrobáticos y sensuales al son de la música.

Evidentemente, tanto uno como otra son indispensables para la realización de la obra artística. Se trata de una unión de elementos no antitéticos sino complementarios para la realización de una obra que trasciende a ambos...

Según nos vamos acercando a San Juan de la Peña seguimos admirando capiteles similares, como estos dos de San Juan de Agüero, ya en la provincia de Huesca:

 

contiguo a este capitel, en la portada, está este otro:

Estos capiteles son el segundo y tercero de la izquierda de la portada sur de la iglesia de San Juan de Agüeros. En uno vemos la escena previa a la danza, cuando la bailarina se dispone a comenzar el baile, y en la segunda podemos admirar una vez más el cuerpo literalmente doblado en una postura idéntica a la de Biota o Ejea de los caballeros, mostrada más arriba. Estas dos últimas fotos fueron realizadas en Marzo de 2.006 por quien esto escribe.

 

28/08/2005 12:37 #. Tema: Simbología No hay comentarios. Comentar.

La simbología es difícil.

Biota.jpgCuando uno lleva tiempo visitando edificios románicos y disfrutando de la belleza y serenidad que de ellos emana, no puede menos que preguntarse porqué le es tan difícil entender la simbología de las imágenes.

Dada la ignorancia del que esto escribe, no sería demasiado difícil de explicar, pero es que a los demás mortales les pasa lo mismo. El motivo es claro: hay que conocer las claves; y eso es difícil, o al menos no se consigue en cuatro días.

Cuando hablo de símbolo, quiero decir algo bastante concreto; pero debido a mi ignorancia no estoy seguro de que el concepto sea el habitual, así que me explicaré un poco.

Un símbolo en el sentido que yo quiero hablar no exactamente lo mismo que un signo. Los signos son cosas de cualquier tipo, sin ninguna restricción en su naturaleza, portadores de un significado. Un significante es el portador de un significado. Según esta definición un símbolo románico no es sino un signo. La cuestión es que es un signo bastante especial.

Lo que ocurre es que visto desde esta perspectiva tan amplia, los signos pueden ser simplemente el consecuente de un antecedente que no vemos; sin intencionalidad alguna, ni emisor. Si vemos humo sabemos que hay fuego o al menos combustión de alguna forma. El humo es para nosotros signo de la combustión en virtud de una relación causa-efecto previa y conocida. En nuestro caso el humo es el efecto causado por la combustión, de modo que la visión de este nos permite inducir la existencia de aquel.

No todos los signos son de este tipo; desde luego. Una palabra pronunciada o escrita; o una flecha indicando un camino son dos tipos de signos diferentes al humo del ejemplo anterior.

Son diferentes por varios motivos: son intencionados, tienen autor y la unión entre el significante (lo que vemos) y el significado (lo que entendemos) no es una relación causa-efecto; sino un convenio.

Ahí empiezan las dificultades, porque los convenios son bastante arbitrarios, y a veces los signos tienen claves que facilitan su entendimiento (como el caso de la flecha indicando el camino) mientras que otras veces la arbitrariedad es completa, y no hay más camino que conocer el código (caso de la palabra hablada y escrita, salvo en el caso de onomatopeyas muy claritas.

Aún para los signos con claves, la dificultad está ahí. Nos parece obvio que una flecha indica el camino que está en la dirección de la punta porque tenemos un aprendizaje cultural. Sabemos qué es una flecha, y sabemos que el arquero las dispara con la punta hacia adelante por razones aerodinámicas de una obviedad aplastante para nosotros; pero no sé yo si un extraterrestre lo vería tan claro.

Pues bien, llamaré símbolo a un signo del tipo flecha, no del tipo humo o del tipo palabra escrita o sonido hablado. La diferencia está en que hay una clave interpretativa, en que la plasticidad del significante tiene relación no arbitraria con su significado; pero además hay más.

Eso más que hay me es difícil de explicar, sin duda por falta de conocimientos propios y por mi torpeza. Se trata de que esta relación entre significante y significado no es unívoca, y ahí empiezan los problemas y la riqueza de la simbología.

Quien esto escribe tiene una formación científica, no humanística; y está acostumbrado a que existan correspondencias unívocas (inyectivas diríamos) entre los conjuntos de cosas con los que tratamos. Eso no es así en el caso que nos ocupa. Cualquier símbolo que podamos contemplar en un templo románico no es nada sin un espectador que lo contempla, lo interroga y lo disfruta. El espectador sabio extrae de él una plétora de significados, analogías y enseñanzas, mientras que el espectador ignorante (el que escribe es un buen ejemplo de ello) se queda a medio camino, intuyendo un mundo de relaciones pero sin poder acceder a él.

Vemos pues que no hace falta pensar en tonterías esotéricas del gusto de Dan Brown y su estúpido Código da Vinci para quedarse prendado del románico; hay misterio suficiene sin apelar a falsedades. Quedarse prendado es fácil, pero disfrutarlo intensamente es más difícil porque conlleva esfuerzo por aprender.

Esa es mi intención, aprender y dejar constancia de lo poco que voy aprendiendo en este blog. Si además le sirve a alguien, pues miel sobre hojuelas.

La foto corresponde a un capitel de la portada meridional de la iglesia de Biota, en la comarca de las Cinco Villas de Zaragoza realizada por mi el 19 de Julio de 2.005. Intentaré utilizar exclusivamente fotos propias en este blog.
25/08/2005 22:28 #. Tema: Simbología No hay comentarios. Comentar.


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